Solemos referirnos a lo ambiguo como a algo que sea impreciso. Suele suceder cuando a lo ambiguo le falte la matización para poder aquilatar la categoría de aquello a lo que nos refiramos de forma ambigua.
Ocurre frecuentemente cuando nos referimos a realidades que no son acotadas con la precisión propia de las ciencias naturales, por ser reflexiones sobre realidades que no son sólo físicas.
De ahí que tanto el pensamiento dialéctico del idealismo y del positivismo combatan ferozmente la presunta ambiguedad que creen encontrar en el pensamiento dialógico, al pretender aquél, por encima de toda otra consideración, el dominio sobre la realidad estudiada.
La ambiguedad es irreductible. Hay realidades ciertamente ambiguas en el sentido de su irreductibilidad, por su imprecisión, incertidumbre , indelimitación y la inarbacabilidad de su riqueza y profunda densidad ontológica. De hecho, tales supuestos se muestran como auténticas constelaciones que nos dejan deslumbrados.
En esos supuestos ser ambiguo exige ajustarse rigurosamente a la condición propia de la realidad contemplada. Tal es el caso de "lo numinoso" como permanente asombro del misterio humano en el que existe.
Es preciso tener en cuenta que pensar con rigor no significa pensar con exactitud matemática, sino pensar ajustándo el análisis de lo pensado a la flexibilidad de lo auténticamente real.
Nov. 8 del 2010 Miguel Angel
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