Al acallar la mente se accede de inmediato a la realidad buscada, viniendo al presente y disolviendo el "yo-viejo".
Nos sentiremos a si mismos, accediendo a la plenitud liberadora de lo que cada uno "se es".
Sentirse a si mismo es dejarse llevar al centro de la propia guarida para habitar cómodamente en ella. Dejar de cavilar en vano alrededor del desierto de la mente. Sentir, vibrar elásticamente, haciendo pie en el contrapeso vital del descubrimiento-sentido del acontecer de la identidad profunda de nuestra vida,que se manifestará en la intimidad del propio cuerpo, del que escucharemos cada una de sus partes al respirar profundamente y relajarnos hasta el punto de lograr estar sin necesidad de saberlo.
Luego podremos volcarnos en los objetos, en las cosas y personas, pasándonos y depositándonos en ellas al tiempo de cruzarnos con ellas en el transcurso del acontecer cotidianeo, sin pretender absolutamente nada a cambio, sin intentar lograr nada, tal como si volviéramos, una y otra vez, a un único instante, el del aquí y el ahora, precisos, permanentes y nunca pasajeros.
Vendremos a experimentar la felicidad que se siente al contemplar tranquilamente el vuelo de una coloreada y bella mariposa, que, no sintiéndose perseguida por ti, se posara a tu lado, dejándose contemplar por la caricia de tu mirada.
La espiritualidad no precisa de creencias, bastándole con tomarlas por simples símbolos al servicio del proceso interior de lograr desvelar lo que realmente es y somos.
La omnipresente conciencia Divina, plenamente iluminada, no debe ser algo dificil de alcanzar por nuestros anhelos de transcendencia sino más bien, algo imposible de evitar.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario