Prefiero la proposición sincera y sencilla de quien, cual fenómeno pre-verbal se enfrenta en el debate dialógico al huero argumento , tras discernir qué sea lo bueno , haciéndolo con sutil y brillante persuación ante el juicio prudencial de lo probable, a sabiendas de que jamás podrá alcanzar con meros razocinios aquel espacio de lo justo o de lo bueno.
Lo exacto, lo demostrable, lo verificable, no dejan de ser modos ilusorios del razonamiento de dialécticos empeñados en ser sumamente auténticos, sin duda , al desistir de alcanzar niveles de la trascendencia.Carece de sentido decir:me siento seguro pase lo que pase, salvo cuando se supiera ya, certeramente, lo que hubiera de suceder, o bien, se conociese que nada podrá pasar como suceso inesperado.
La burda sutileza de llegar a saber qué pensar sin tenerlo que pensar, es la aspiraión máxima del que se considera sabio, como también lo es de aquellos que opinan de todo y hablan del cambio climático sin saber qué sea la meorología.
La nítida oscuridad de la aparente apariencia, de algunos, brilla radiantemente cual clara incetidumbre de sus severas y rotundas aseveraciones.
La luminosa y brillante claridad, de la colorida visibilidad de cuantos caminan en nocturnidad, alumbra los inevitables pasados del cercano devenir-que nunca llega- de quienes creen vivir correctamente su presente.
Camina por senderos de conflicto y de contradición, quíen erroneamente se afana en progresar por vanos y profusos debates ideológicos.
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