Veo en tus aguas reflejarse la tormenta
con que el otoño dice sus últimos días
golpeando mis ventanales asustada,
y oigo a la lejanía decirme cosas
que no sé soportar sin un amigo,
que no puedo, sin tu presencia, amar.
Y pasa la tormenta, que todo lo transforma
atravesando el mar y el tiempo
pareciendo todo carecer de edad
y hasta el paisaje, cual verso del salterio,
pujante, riguroso y eterno me parece.
Qué pequeño es aquello contra lo que lucho
lo que contra mi lo hace, cuan grande me resulta.
Si, semejándome más a las cosas, dejárame
asaltar de tal forma por una gran tormenta
volvería a ser sencillo y hasta anónimo quizás.
Trinfo sobre lo pequeño
y el mismo éxito me empequeñece más.
Ni lo eterno ni lo extraordinario
de mi se dejan doblegar.
Los triunfos ya no me apetecen
mi crecimiento estriba en ser vencido
por algo cada vez mayor.
Por eso desde mi ventana miro al mar.
Cuando veo lo que veo
oigo cuanto oigo
y se lo que sé
razón tengo de pensar
y a la primavera esperar.
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