Señala Ratzinger como lugar primero y esencial al de la oración, fundamentándolo en la expectativa y la necesidad de saber superar la capacidad humana de esperar.
Menciona en su escrito al inolvidable cardenal Nguyen Van Thuan y al opúsculo que éste nos dejó: "Oraciones de esperanza", tras sus trece años de carcel en situación de desesperación aparentemente tal-nueve de ellos aislado- donde pone de manifiesto que la escucha de Dios y el poder habllarle fue para él una fuerza creciente de esperanza, que después de ser liberado, le permitió ser testigo de esa gran esperanza que no se apaga, ni siquiera en las noches de soledad.
Recordando el contenido de la encíclica citada me vino a la memoria el ejemplo de algunos otros creyentes y no creyentes que supieron hacer uso de similar instrumento de la oración o del espíritu de superación. Así por ejemplo es caso de William Ernest Henley que dejó escrito en su poemario In hospital la conocida frase "Yo soy el capitán de mi alma" (réplica de la escrita por Shakespeare en Romeo y Julieta: "Soy un triste juguete del destino") y -como señala Javier Abellán(1) a modo de: " modelo del planteamiento dialógico por el que se reconoce en cada acción humana la posibilidad de un acontecimiento personal que llena(o vacía) de un sentido irrepetible e irremplazable la vida de cada ser humano", frente al mero planteamiento dialéctico que atrofia la libertad y conduce a la parálisis moral. El citado poema Invictus lo recitaba Nelson Mandela para si mismo en los momentos mas dificiles de su encarcelamiento en Sudáfrica, sirviéndole de espíritu de superación en su adversidad.
Otro tanto se puede poner por ejemplo en la escritora finlandes Hella Wuolijeki según cita de sus memorias en Enka ollut Vanky como auto-ánimo en su encarcelación y arresto en prisión a fines de la segunda guerra mundial.
He conocido a un grave enfermo de enfermedad neuroprogresiva, desde su infancia hasta el fallecimiento, por espacio de largo padecimiento (pronosticado de 20 años, alcanzó 32) durante el que no cesó de intentar superar la enorme discapacidad que le supuso, logrando con su pertinaz empeño y valentía alcanzar una formación que le permitió ejercer la ingeniería en un departamento del Ayuntamiento de Madrid al que asistió puntualmente cada mañana hasta dos días previos a su despedida final. El Gran Duchenme que padeció le impedía valerse por si mismo, dada la progresividad creciente que le hizo precisar de ayuda. permanente para su movilidad diaria y nocturna Su autoestima fue tal que cuantos lo pudieron tratar quedaban asombrados del valor y del espíritu con los que asumió y vivió silenciosamente sin manifestación alguna de queja ni de desesperción.
Agustín, Hella, Belson, William Ernest y...tantísimos otros seres son símbolos donde poder aprender a superar sin prescisar asistir a escuela alguna, bastándoles con la propia respuesta positiva plena de la auténtica oración secular que también contiene, o quizá supera de contenido, al del monólogo de quienes suplicantes precisan ayuda.
Cada persona es un misterio de vida propia. Muchos de cuantos conviven en rededor nuestro saben esperar y esperan, sin necesidad de acogerse aningún tipo de los supuestos de la utopia ni de las heterotopías, o de las ideologías en boga.
Cuando nuestro papa-hemérito medite en su lugar de retiro el contenido de sus profundos pensamientos, sin duda que habrá alcanzado el lugar que está fuera de lugar, en ningún sitio, vacío, donde se ofrecen imaginaciones varias sobre el modo de ser de las cosas y se abre el campo de lo posible más alla de lo meramente actual.
Como él, todos, desde nuestros propios retiros miramos hacia el futuro, enlazándolo con el pasado, representándonos otras posibles maneras de vivir mejor, más valiosas, más justas. Sólo precisa la reflexión y la decisión firme de aceptar con entusiasmo y con esperanza el destino. Lo importante es ser concientes de que caminamos acertadamente si acertamos el discernimiento capaz de ser auto-guardavías del itinerario que ya iniciamos hace tiempo y aceptamos la carga de frustraciones que llevamos consigo, a sabiendas de que, junto a ella, también existen triunfos y logros más o menos propios.
Creo que Ratzinger nos ha dado un buen ejemplo a seguir digno de tener en cuenta.
Mar Mediterráneo a dos de marzo del 2013 Miguel Angel Botija.
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